16-EL FUERTE DE CASTROS DE VILLAR DEL PEDROSO

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Durante el califato de Córdoba se levantaron una serie de estructuras defensivas destinadas a frenar el avance cristiano al sur del río Tajo. Esta franja de territorio se llamaba Marca Media o At-Tagr al-Awsat. El territorio del Geoparque Mundial de la UNESCO Villuercas-Ibores-Jara formaba parte de esta tierra fronteriza y el Fuerte de Castros es una de las fortalezas cuyos restos han llegado hasta nuestros días.

La desembocadura del arroyo Pedroso en el Tajo impresiona, tanto por la cascada que forma el río tributario en su último tramo, como por el paisaje circundante. En este lugar, en una elevación situada entre el Pedroso y el Tajo, dominando un enclave estratégico, se ubica el Fuerte de Castros. Se trata de una alcazaba a cuyo alrededor y buscando su protección, se extendía un poblado árabe.

Sus orígenes se remontan a los siglos X y XI, posiblemente mandada construir por Abderraman II en el 918. A pesar de este dato, el apelativo ‘del Castro’ induce a pensar que el lugar estuvo ocupado anteriormente por un asentamiento prerromano. Esta fortaleza formaba parte de las defensas de la Jara y, junto a los castillos de Gualija y Espejel, vigilaba la frontera del Tajo.

La ubicación, además de estar motivada por la protección que facilita la orografía natural del paisaje, obedecía a la defensa de un antiguo puente que existió sobre el Tajo. Todavía se pueden observar restos de dos tajamares (pilares que dividen las aguas para distribuirlas bajo los ojos de los puentes) de esta obra, que poseía unas dimensiones considerables y que constituía un punto crucial para vadear el río.

Actualmente, de la fortaleza se pueden observar dos torreones entre los que se encuentra la entrada al recinto, construidos con mampostería granítica. En su interior se adivina la huella del aljibe cuadrangular, una estructura indispensable en este tipo de castillos, que debían de contar con un suministro de agua en caso de asedio. También se observan los restos de una gran torre, posiblemente la del homenaje. La planta de la alcazaba se extiende por la pequeña meseta -creada mediante desmonte- sobre el abrupto otero. Se ciñe a un modelo muy extendido en Al-Andalus, consistente en un rectángulo de torres cuadradas, adaptándose a la cota del emplazamiento.

Rodeando el recinto amurallado están los restos del poblado, en el que se observan restos de muros de las viviendas. Estas eran de planta rectangular y tamaño modesto. Según las crónicas, tras la reconquista y la ocupación cristiana de los valles del Tajo, el lugar quedó despoblado para siempre.