FAUNA
Cada primavera, generalmente en el mes de abril, con buenas aguas en el río pero sin riadas, los barbos remontan el río Ibor desde el embalse de Valdecañas (río Tajo), en busca de los mejores frezaderos para reproducirse y asegurar su descendencia. Esta aventura vital recuerda a los ríos salmoneros de otras zonas peninsulares.
En esta aventura los barbos se enfrentan a la corriente y comienzan una actividad extenuante que les llevará muchos kilómetros aguas arriba, buscando las aguas de las cabeceras, más limpias y oxigenadas. En el trayecto, los machos adultos se identifican bien porque desarrollan unas protuberancias blancas en el morro. Cuando las hembras llegan a los frezaderos (áreas de desove), excavan un pequeño nido entre las piedras con la aleta caudal y depositan allí sus huevos. Los machos compiten entre ellos por fecundar el mayor número de huevos, amenazándose entre ellos con movimientos bruscos aunque inofensivos. A finales de junio, cuando el agua es más escasa y está demasiado caliente, la freza termina y los barbos regresan al embalse de Valdecañas, donde habitualmente viven y se alimentan.


