Geoparque Mundial UNESCO

06 Lorera de la Garganta del Mesto

Geoparque Villuercas > 06 Lorera de la Garganta del Mesto

FLORA

En tiempos pasados, durante el Terciario, el clima de la zona era cálido y húmedo y gran parte de la cuenca mediterránea estuvo poblada por estos bosques lauroides, de los que el loro es un superviviente. Refugiado siempre cerca de los cauces en los que encuentra la necesaria humedad, el loro es el árbol más curioso e interesante del Geoparque. Acompañan al loro especies como alisos, fresnos, acebos, madroños, durillos y plantas trepadoras como la
hiedra y las parras silvestres.

No deberíamos abandonar el Hospital del Obispo sin acercarnos a alguna de sus turberas o trampales, zonas encharcadas en las que crecen, entre musgos esfagnos, algunas plantas como la insectívora rosolí (Drosera rotundifolia), que con sus pelos pegajosos captura insectos que completan su alimentación. También en ellas encontraremos llamativas orquídeas entre las que destaca Dactylorhiza irenica, especie descubierta en las turberas villuerquinas.

FAUNA

La berrea de los ciervos y la ronca del corzo, ambas en los momentos de cortejo de estas especies, son dos de los espectáculos naturales de los que podemos disfrutar por estos parajes serranos. En la espesa vegetación de ribera encuentran cobijo azores y gavilanes, mientras las cumbres cuarcíticas aparecen pobladas por buitres leonados, grandes águilas (real y perdicera), cárabos y búhos reales.

De las cientos de especies que aquí prosperan merecen citarse algunas como el jabalí, nutria, meloncillo, lagarto verdinegro e incluso el colóptero ciervo volador. La fauna alada se puebla de oropéndolas, arrendajos, pájaros carpinteros y ruiseñores, con vuelos y cantos que deleitarán al visitante.

 GEOLOGÍA

Entre la Sierra del Hospital del Obispo y el Cerro Fortificado (que alcanza los 1424 m.s.n.m.), encontramos el conocido valle del Hospital del Obispo, lugar de paso o peregrinaje a Guadalupe a través del Camino Real de Castilla. Poblado por un tupido rebollar de robles caducifolios, el valle está recorrido por la garganta del mismo nombre, que origina un profundo desfiladero al encontrarse en los Canchos del Ataque.

Este lugar espectacular, con canchos inclinados 45º respecto a la horizontal, son el flanco suroeste del sinclinal del Guadarranque (y el noreste del desaparecido anticlinal del Ibor). Por estas apreturas desciende el agua de la garganta originando llamativas cascadas. Las aguas ya tranquilas tras el descenso, llaneando, se dirigen hacia la unión con las de la Garganta del Mesto y en ambas encontramos magníficos ejemplos de laurisilvas o bosques de loros (Prunus lusitanica).